viernes, 25 de septiembre de 2020

Zlatan Ibrahimović: el mejor futbolista de Suecia

El futbolista más exitoso en la historia del fútbol sueco es Zlatan Ibrahimović. Al escuchar esta aseveración, ciertos aficionados empezarán de inmediato a buscar en su cabeza otros nombres de futbolistas suecos, para tratar de negar lo que estoy diciendo. Soy consciente de que a algunas personas simplemente les cae mal Zlatan, sobre todo porque lo consideran arrogante (y otros porque son racistas). Pero eso no tiene nada que ver con los grandes logros de su carrera.

Zlatan, como lo conocemos en Suecia, o Ibra, como le dicen en Italia y otros países, nació en un barrio de inmigrantes en la sureña ciudad de Malmö. Sus padres llegaron de la desaparecida Yugoslavia, pero él es, como he dicho, sueco de nacimiento. Sin embargo, a los ojos de algunos suecos rubios, Zlatan es de todas formas algo así como inmigrante. Y quizá él tampoco se sienta sueco del todo. Siempre me llamó la atención que cuando jugaba con la selección nacional no cantaba el himno antes de los partidos.

Su madre trabajaba haciendo limpieza y su padre también era de extracción obrera. La pareja se separó y al niño Zlatan le tocó vivir un tiempo por aquí y otro por allá. En el libro Jag är Zlatan Ibrahimović, donde cuenta su historia al escritor David Lagercrantz, el ahora famoso futbolista describe cómo en el apartamento de su padre no había comida. Lo que sí había eran latas de cerveza y música yugoslava. Fue una niñez dura. Y las perspectivas para ese niño de pelo negro eran pocas.

La pasión de Zlatan fue desde temprano el fútbol. Eso fue lo que seguramente lo salvó de una carrera en el bajo mundo. Cuenta que robaba bicicletas y que no le iba bien en la escuela. Pero como quería ser futbolista y entrenaba bastante, nunca fue aficionado a las drogas ni al alcohol. Pasaba horas y horas en la calle copiando las fintas del brasileño Ronaldo, quien era su ídolo. De los futbolistas suecos no sabía casi nada.

Como muchos niños en Suecia, Zlatan era miembro de un equipo infantil. Pero era el único pobretón que llegaba del barrio de inmigrantes. Ya entonces era bueno para dominar el balón y hacer goles. Era un individualista, como Ronaldo y muchos delanteros famosos. Los padres de los otros niños empezaron a criticar a ese muchachito que driblaba demasiado y no pasaba la pelota. Llegaron incluso a firmar una lista donde le pedían a los encargados del equipo que lo echaran. Eso no lo olvida Zlatan Ibrahimović, ni lo olvidará jamás.

Otra cosa que lo ha marcado negativamente fue la corta temporada que jugó en el Barcelona. Para ese entonces, ya era una celebridad. Después de mostrar en el equipo de primera división Malmö FF que no era un jugador cualquiera, fue contratado por el Ajax de Holanda. Aún no había cumplido los veinte años y ya había debutado además en la selección nacional. Con el Ajax ganó la liga holandesa en dos ocasiones. De ahí pasó al Juventus de Italia, donde ganó el scudetto (el campeonato) dos veces. Dice estar agradecido por lo que aprendió con el entrenador Fabio Capello. Luego fue comprado por el Inter, donde ganó el scudetto tres veces. En este club estuvo un tiempo bajo la tutela de José Mourinho, por quien siente mucha estima y admiración.

Después de haber ganado títulos con esos reconocidos equipos y haber anotado una buena cantidad de goles, algunos de ellos espectaculares, fue que llegó al Barcelona, cumpliendo así uno de sus sueños dorados. Con el Barça ganó también La Liga. No obstante, ahí se encontró con el entrenador Pep Guardiola. Según cuenta Zlatan en su libro, "el filósofo" le hizo la vida imposible.

A Guardiola no le gustaba el temperamento del sueco. El Barcelona era como una escuela y todos los jugadores obedecían al entrenador. Muchos habían comenzado a jugar ahí desde niños y, aunque ahora eran estrellas, no podían dejar de comportarse bien. Y ahí había caído este sueco de barriada, que gritaba y se enojaba. No hay que olvidar que ya venía también del duro ambiente italiano. Al final, Guardiola no le hablaba, y si Zlatan entraba en un local donde él estaba, el entrenador se salía. Fue en otras palabras un caso de "mobbing", un ataque psicológico que no se le puede desear a nadie. Zlatan se sintió de nuevo como la oveja negra, el que no encajaba en el grupo por ser diferente.

Finalmente, Zlatan fue vendido en oferta al Milán de Italia, donde fue a ganar otra vez el scudetto. Después pasó al Paris Saint-Germain de Francia. Recuerdo que cuando lo entrevistaron en la televisión al llegar a París dijo que había llegado a ganar. A mí me pareció un poco aventurado y hasta pretencioso decir eso. Pero ganó cuatro veces la liga francesa. Y de ahí pasó al Manchester United y luego a Los Angeles Galaxy.

Zlatan ha ganado campeonatos y trofeos con casi todos los equipos donde ha jugado y ha obtenido un montón de premios en su carrera. Todo lo que hizo por la selección nacional de Suecia, no hace falta mencionarlo. Es el jugador que más goles ha marcado defendiendo la camiseta de la selección.

Cuando escribo esto, Zlatan Ibrahimović está de nuevo jugando con el Milán de Italia. Está por cumplir 39 años y sigue haciendo goles. Su historia parece un sueño, el sueño de un empecinado niño hijo de inmigrantes.

Fuente: Jag är Zlatan Ibrahimović: Min historia (2011)



viernes, 24 de julio de 2020

Un poema para Suecia

AQUÍ TODOS TIENEN SU COMIDA
Oscar García

Los muchachos entran al restaurante
y esparcen una lluvia de plomo
¿Por qué no leen libros los muchachos?
se pregunta una voz de vez en cuando
¿Por qué
si cuando niños devoran palabras
en el lindo jardín infantil
donde trabaja una Sanna o una Marta?
¿Por qué dejan de saborear sabrosas palabras,
que se sirven en todas partes,
ya en la dulce adolescencia?
Después es demasiado tarde
pues desde luego harán referencia a
“cosas más importantes en qué pensar”
Vivimos en un buen país
¿verdad?
Podemos llamar a otros países dictaduras
porque nosotros no somos dictadura
Somos feministas
que producimos juguetes, galletas de canela, coches
y vendemos armas a dictaduras
Aquí se necesitan jefes, técnicos, ingenieros...
La efectiva empresa de transporte
donde los sin papeles trabajan y son perseguidos
pierde 250 millones al año
De ahí el precio aumentado del precio aumentado
La masa castigada es multicultural
como la oferta de los restaurantes
como la guardería, el parque y la cárcel
La gente debe ser diferente pero tratada igual
¿O era al revés?
Recuerda que ya no se puede decir negro,
gitano ni lapón
proclaman los periódicos y la Academia
Di moreno, romaní, sami
¡y cómprate un apartamento con balcón!
Desde ahí ves a cien expárvulos que viajan
a Siria y a Irak
a luchar por algo en lo que ellos creen
La humeante sopa queda abandonada en la mesa
frente a bocas mudas que se preguntan:
¿Dónde están?
¿Qué son?
El móvil inmóvil migrante comunitario
ha dividido al país en dos
Pedir dinero no es delito
repiten la ley y la policía
pero lo mejor es que no te sientes en este banco,
que no duermas entre los arbustos
y que no cagues ahí atrás
Veinte mil libros se publican por año
que encuentran un lugar en la estantería
en el sótano de la biblioteca
¿Quién los va a saborear? ¿Qué niños?
Hay escuelas inteligentes donde a cada estudiante
le dan una computadora
donde se puede ver Facebook
La falta de profesores es tan grande como la autoconfianza
El subsidio social se llama ahora apoyo para subsistencia
declara la autoridad tras su escudo de papeles
¿Por qué no subsidio de subsistencia o apoyo social?
se pregunta un querulante
Porque nos gusta jugar con las palabras
hoy más que nunca
El orgulloso hombre de la cultura es despertado de vez en cuando
por la orgullosa mujer de la cultura
Luchan como leones en periódicos hambrientos
y elle adelanta su posición
mientras las drogas se venden a plena calle
y todo lo demás ocurre a puertas cerradas
Los vaciados heroinómanos bajan en edad
pero crecen constantemente en cantidad
a pesar de que cientos de cuerpos desaparecen cada año
Un famoso viola otra vez a una no famosa
mientras el televidente sueña con llamar la atención
¿Pero cuál ciudad te gusta más?
pregunta una voz de vez en cuando
¿Acaso no hay una pizzería en todas partes?
En el exterior saben mejor cómo son los suecos:
rubios, introvertidos, puntuales, fáciles
Aún así Mohammad no quiere llamarse Mohammad
porque Niklas y Sebastian consiguen más fácil trabajo
Muchos trabajadores están condenados de por vida
a contratos temporales y desempleo cíclico
Así es que ahora mejor nos bañamos en cerveza
de cientos de olorosas cervecerías artesanales
El juicio contra los muchachos
que no fueron al restaurante a comer
costó 50 millones de coronas
¿Qué bolsillos se llenaron con ese dinero legal?
El dinero crece por supuesto en los árboles
en los lejanos paraísos
La enfermera grita y cae libremente
sin paracaídas
y los conocimientos de los estudiantes también han caído
Arde, preocupa, sorprende
porque aquí la escuela es gratuita y todos tienen su comida

(Publicado originalmente en sueco en la revista Klass, número 2/2019)

sábado, 18 de julio de 2020

El parque de los muertos

En Estocolmo hay muchos parques grandes donde uno puede caminar con tranquilidad a la sombra de las coníferas. Uno de estos parques es el famoso Skogskyrkogården, "Cementerio del bosque" en español, que se encuentra al sur de la ciudad. Este camposanto fue creado a principios del siglo pasado y desde 1994 es considerado Patrimonio de la Humanidad.

El Skogskyrkogården tiene espacio para 100 000 tumbas y lo cruzan varias calles y senderos. El muro de piedra que lo rodea fue construido por desempleados, según reza en una de las puertas. Hay cinco capillas, crematorio con altas chimeneas y un bosquecito donde se esparcen las cenizas de las personas que no desean una tumba propia. Además hay una loma donde los visitantes se pueden sentar a contemplar el cementerio y tal vez meditar sobre la vida y la muerte.

La tumba más famosa de este parque-cementerio es la de Greta Garbo, que fue estrella del cine mudo en Hollywood. La célebre actriz está enterrada en un lugar preferencial, en un montículo sin tumbas alrededor que puedan desviar la atención. Probablemente hay otros personajes interesantes bajo los altos abetos. Pero hay que recordar que muchos de los famosos de Estocolmo yacen en cementerios más pequeños, o exclusivos, que se encuentran aledaños a las iglesias.

La inmigración ha sido constante en Suecia desde el siglo pasado y es lógico que esto también deje su huella en la actividad funeraria. En Estocolmo hay, por ejemplo, varios cementerios judíos. En Skogskyrkogården las tumbas judías tienen también una sección, no muy alejada del espacio destinado a los difuntos musulmanes. Sin duda, al final, la tierra nos une a todos. Aquí hay protestantes y católicos, creyentes y ateos, suecos e inmigrantes, izquierdistas y derechistas, etc., etc., etc.

Hace cinco años estuve presente en el sepelio de un amigo en el "Cementerio del bosque" y hoy pude constatar que su tumba está arreglada y adornada con flores frescas. Se encuentra en la sección de los católicos. No sé si él era católico, o si los familiares lo colocaron ahí más bien por cuestiones culturales. Mi amigo fue guerrillero en El Salvador y ahora descansa lejos de la tierra que lo vio nacer.

Los cementerios suecos son sobrios. Todas las sepulturas ocupan más o menos el mismo espacio y no hay mausoleos ostentosos como en otros países. Basta con una sencilla lápida.


viernes, 6 de marzo de 2020

Un cuento sobre Suecia

COMENZANDO DE NUEVO
Oscar García


Al salir del aeropuerto me recibió una muchacha que hablaba muy bien el español. Me dijo que se llamaba Karin, que me había estado esperando un buen rato y que había dejado el coche en el estacionamiento. Salimos al frío. Yo me sentía muy alegre y animado, a pesar del largo viaje. Por fin respiraba el aire nórdico. Suecia no era tan fría como pensaba. Pero solo estábamos en septiembre. En diciembre seguramente vería la nieve.

Karin condujo el coche por carreteras desoladas, atravesando bosques oscuros que me recordaron la famosa historia de Hansel y Gretel. Me sentía como en un sueño. La conductora casi no hablaba y a mí tampoco se me ocurría nada que decir. ¿Qué iba a decir? Me bastaba con observar. Todo era nuevo para mí, todo era interesante.

Llegamos al campamento. Karin me llevó directamente a un apartamento y ahí me dejó. Sin embargo, pronto apareció otra mujer. Me sorprendió que ella también hablara tan bien el español. Ann me mostró el pequeño apartamento donde yo iba a vivir. El lugar tenía todo lo que podía necesitar. Incluso había comida en el refrigerador y en la alacena. Ann era alta y guapa. Me contó que estaba casada con Manuel, un español a quien no pude menos que envidiar. Además me dio información general sobre el campamento. En cuanto me entregó la llave y se fue, me tiré en la cama, sin quitarme la ropa ni los zapatos.

Llamaron a la puerta. Cuando abrí los ojos no sabía dónde estaba. La luz de una lámpara que colgaba del techo me cegaba. Me vi en una cama arreglada y no reconocía nada. ¿Dónde estoy?, pensé. ¿Acaso estoy soñando? Paredes empapeladas, una gran ventana, un gavetero... De repente recordé todo: el aeropuerto, Karin, el viaje en coche, el bosque, Ann y el apartamento. Me encontraba en Suecia, por supuesto. Era un refugiado que estaba por comenzar una nueva vida. Entonces salté de la cama y corrí hacia la puerta. El timbre sonó una vez más antes de que lograra llegar. Abrí con rapidez.

―¡Hola! ―me dijo en español un hombre de cabello negro―. Me llamo Manuel. Soy el marido de Ann.

Manuel me tendió una mano sincera y yo se la estreché. Me pareció simpático. Ojos bondadosos y pantalones vaqueros.

―¡Hola! ―le dije―. Sebastián. Pase adelante.

Él entró al apartamento pero ni se sentó. Solo me quería saludar, me dijo, y aconsejarme que no me durmiera todavía.

―Es demasiado temprano ―me explicó―. Para ti es tarde; pero para nosotros es temprano. Si te duermes ahora vas a despertar a media noche y mañana te vas a dormir a medio día. Y así sucesivamente. Lo mejor es que aguantes ahora.

Fue agradable conversar un rato con él. Por lo visto, yo no era el único inmigrante en Suecia. Cuando se fue saqué las cosas de mis maletas, solo para tener algo que hacer y no quedarme dormido. Después de un par de horas me dio hambre y decidí preparar algo de comer. Freí un huevo y algunas rodajas de un salchichón que parecía pene de burro. Pan no había. Solamente encontré unas galletas cuadradas que parecían tablas y sabían a madera.

El campamento era un mundo cerrado y tranquilo que estaba en un barrio apartado. Alrededor había solamente bosque, donde se veían urracas y cuervos. Un caminito asfaltado lo conectaba con el centro del pequeño pueblo, por donde pasaba una carretera que conducía a la ciudad. Yo no sabía cómo ir ahí. No veía autobuses por ningún lado, nada que recordara a una terminal. Nada de ruido, nada de humo, nada de vendedores ambulantes.

La primera vez que visité el pueblo fue un poco especial. Fui al supermercado a comprar algo con el dinero que me habían dado en el campamento. Era un suma pequeña pero suficiente que me darían cada mes mientras viviera ahí, para comprar comida, jabón y otras cosas básicas. Eché a andar por el caminito asfaltado con una sonrisa en los labios. Era una bella mañana de septiembre. El aire era limpio, el sol brillaba y los pájaros cantaban. No llevaba prisa. ¿Para qué caminar rápido? ¿Para qué estresarme? Este era uno de los mejores momentos de mi vida.

A medio camino me encontré con una pareja de árabes que observaban un árbol. Estábamos en la misma situación. Habíamos encontrado refugio en la lejana Suecia y aquí íbamos a empezar de nuevo. El hombre me miró y señaló hacia el árbol. Vi entonces a una ardilla cobriza que dio tres saltos y luego se puso a comer algo. Qué graciosa era. Les sonreí a los árabes y les dije adiós con la mano. Ahora teníamos otra cosa en común: habíamos visto un animal del paraíso.

El centro del pueblo eran solo dos calles y una plaza. De inmediato noté que ninguna mujer cargaba a su hijo en brazos, como solían hacerlo en mi país. Aquí había que tener cuidado para no ser atropellado por alguno de los tantos cochecitos que circulaban. Mis ojos se prendieron luego de un hombre que pasó a toda velocidad en una silla de ruedas. Nunca había visto cosa semejante. La silla se movía sola. Parecía una nave espacial, con palancas y todo. Eso me hizo recordar a los discapacitados de mi país. Algunos se arrastraban por el suelo, como reptiles humanos, sucios, lisiados y alcoholizados. Se pasaban todo el día en el mismo lugar, por lo general en la puerta de una iglesia o en alguna esquina, pidiendo limosna. Qué diferente era aquí. Sin lugar a dudas, Suecia era fantástica.

Entré al supermercado alegre y lleno de curiosidad. Había tantas cosas interesantes: caviar en tubos de pasta dental, limones de plástico, pescado encurtido en frascos, pan oscuro… Me divertía solo viendo los productos. No obstante, cuando llegué a la caja sentí un poco de miedo, porque sabía que no entendería lo que dijera la cajera. Aunque en realidad no importaba, pues podía leer las cifras en la pantalla a la hora de pagar.

Mis compras avanzaron sobre la banda: un pepino, seis huevos y un pan de caja. Cuando la cajera habló, miré las cifras en la pantalla, pagué y pasé por la caja. Pero entonces me di cuenta de algo: no había tomado una bolsa plástica. Así es que regresé rápidamente a coger una. Y como sabía que las bolsas plásticas servían luego para la basura, aproveché para agarrar dos más y las metí en la primera.

Cuando levanté la vista quedé paralizado. Fue una sensación horrible. La cajera tenía los ojos puestos en mí. La señora que estaba detrás de mí también me observaba. Y los que estaban más lejos en la cola también me miraban. ¡Todos me miraban! Pasé por la caja otra vez, pero ahora perseguido por esas ardientes miradas. No fue nada fácil meter las compras en la bolsa. El pan estaba más cerca de la cajera que de mí, el cartón de huevos se abrió, el pepino no quería entrar... Yo sentía la cara caliente. ¿Por qué me miraban así? ¿Me veían raro? Cuando logré meter mis cosas en la bolsa salí huyendo de ahí.

La siguiente vez que fui al supermercado me puse a estudiar a los clientes y a la cajera. Entonces entendí todo. Las bolsas no eran gratuitas. Yo no las había pagado y es por eso que todos me miraban. ¿Pero cómo iba yo a saber eso? Las bolsas eran gratis en mi país.


sábado, 23 de marzo de 2019

Las niñas y el deporte

El deporte y la actividad física son muy importantes en Suecia. Según las estadísticas, la cuarta parte de la población practica algún deporte, o hace algún tipo de ejercicio físico, tres o cuatro veces por semana. De hecho, el deporte se considera aquí un movimiento social. La Confederación Deportiva de Suecia (Riksidrottsförbundet) se fundó en 1903 y tiene ahora más de 3 millones de miembros. Según sus cálculos, casi el 90% de los suecos ha sido miembro de algún club deportivo durante la niñez o la juventud. Esta confederación recibe fondos del Estado y en 2018 el presupuesto fue de casi 2,000 millones de coronas (unos 200 millones de dólares).

Aparte de las organizaciones que componen la mencionada confederación, hay muchas otras asociaciones deportivas en el país, con una gran cantidad de miembros. Y si vamos a hablar de la importancia del ejercicio y el deporte en el país, tampoco hay que olvidar la labor que realizan las escuelas y a toda esa gente que tiene por costumbre salir a correr o dar largas caminatas. Huelga decir que todo esto tiene un efecto muy positivo en la salud de la población.

El deporte que más practican los varones en Suecia, según estadísticas de la Confederación Deportiva, es el fútbol. Y a este le sigue el golf. En cuanto a las mujeres, destacan tres deportes casi por igual: gimnasia, fútbol y deportes ecuestres. Para alguien que, como yo, viene de un país donde las condiciones para practicar deportes son muy diferentes a las de Suecia, todos estos datos resultan muy interesantes. Donde yo crecí se jugaba fútbol, baloncesto y a veces softbol, pero por lo general era de forma no organizada. También había quienes salían a correr, o bien entrenaban artes marciales en su casa (más como defensa que por hacer deporte). Pero eso de golf y deportes ecuestres eran para mí cosa de otro mundo.

Los estudios muestran que el entorno más importante para muchos niños y jóvenes, después de la familia y la escuela, es el deporte. Recientemente recibí unos trabajos escritos de mis estudiantes de la universidad, donde la tarea era hablar un poco de su historia personal. En especial, llamaron mi atención unos textos donde unas muchachas reflexionaban sobre su relación con el deporte cuando eran niñas. Son experiencias muy interesantes, que vale la pena conocer, pues muestran otra dimensión del tema. Comparto algunos fragmentos:

"Crecí en una familia grande, y los caballos eran lo más importante para todos. Menos para mi papá, él era el único miembro de mi familia que no montaba. Yo amaba los caballos. Estaba todos los días en los establos, e hice mis mejores amigas allá. El caballo que tenía cuando tenía diez años se llamaba Sudden. Era blanco y grande, perfecto para mí, porque yo era alta y muy fuerte cuando era niña. Sudden y yo competíamos en salto y en doma clásica. Me acuerdo de las noches antes de una competencia, todos estaban nerviosos y muy emocionados. Estábamos bañando los caballos y arreglando el equipo toda la noche. Pero igual, en la mañana Sudden estaba sucio. No es fácil tener un caballo blanco" (Frieda).

"Cuando tenía 11 años practicaba gimnasia rítmica. Entrenaba tres horas cada día, cinco días a la semana. Eran entrenamientos muy duros. Al entrenador le encantaba la canción 'Eye of the Tiger' y la escuchábamos entre los bailes. Yo pensaba que era normal tenerle miedo al entrenador. Su manera de enseñar era un horror y yo tenía miedo cada vez que hacía una falta. Mis amigas y yo competíamos por quién tenía el vientre más pequeño y los mejores abdominales. El entrenador me había dicho que tenía un estómago demasiado grande y le creí. Mi vida en aquellos años consistía en entrenamiento, escuela y familia. No tenía tiempo para jugar con mis amigos de la clase, como una niña normal. Cuando terminábamos la escuela, tenía que correr rápido a casa para comer, y luego continuar a la sala de entrenamiento. No disfrutaba el hermoso camino que había a través del bosque. Tenía una familia muy amorosa. Todo lo que ellos querían era que yo siguiera mis sueños. Mi familia siempre estaba ahí para mí y hoy entiendo cuánto dinero mis padres han gastado en mi deporte" (Johanna).

"Cuando solo tenía 13 años decidí entrenar dos veces al día para ser la mejor futbolista del mundo. En mi cuarto tenía un poster de Messi y uno de Marta, que me daban la fuerza para luchar todos los días. Jugaba en un equipo de élite de mi ciudad. Un año ganamos la copa y todos los torneos en que participamos. El entrenador me dijo que, si seguía a ese ritmo, mi sueño no estaba lejos de convertirse en realidad. Pero él no tenía razón. Los años pasaron rápido y yo, con el mismo entusiasmo, entrenaba dos veces al día. Un día mi cuerpo no pudo más y mi mente tampoco. Cuando decidí dejar de jugar, sentí que traicioné a la pequeñita que tenía ese sueño tan grande. Y también a todos mis amigos y a cada persona que me solía decir que lo iba a cumplir y que me iría lejos de aquí. Pero como mujer no es fácil jugar fútbol. Hay muchos prejuicios y tienes que luchar al lado de la cancha también. Por ejemplo, cuando estaba practicando con chicos, normalmente no me dejaban tocar la pelota. Podía pasar un partido en que solamente corría, todo solo porque soy mujer.  Al final, me cansé de luchar por mis derechos todo el tiempo" (Sandra).

Fuente: Riksidrottsförbundet.


sábado, 9 de febrero de 2019

Diez películas fuera de lo común

En Gotemburgo se organiza anualmente el festival de cine más grande de los países nórdicos, el "Göteborg Film Festival". Como siempre hay películas para casi todos los gustos, no es mala idea estar en la ciudad en esos once fríos días de enero en que se realiza el evento. Este año (2019), en la versión 42 del festival, se proyectaron 450 películas de 80 países. Acompáñenme en este breve recorrido por las diez películas que logré ver:

Comencé con In Fabric (Reino Unido), una película que se podría denominar de terror, aunque también tiene algo de humor y una buena dosis de perversión sexual. Lo más memorable es una dependienta de almacén con atributos de vampiresa. Además, siempre recordaré la mejor escena que he visto de una lavadora destruyéndose. Pero el guion no es muy bueno y la historia no tiene un fundamento sólido. Por supuesto, la tienda donde están los monstruos termina devorada por el fuego, siguiendo la tradición de las historias de terror. Le doy tres estrellas, de máximo cinco. En todo caso, es una película que vería de nuevo.

De ahí me metí a ver Iron Sky The Coming Race (Finlandia/Alemania/Bélgica), que se exhibió en la sala más grande del festival. El cine estaba lleno y no me quedó duda de que casi todos eran "fans" del director, un joven que estaba presente y se subió a la escena a decir algunas cosas con bastante humor. La película también tiene mucho humor, no muy refinado, y está basada en la ironía. Creo que es perfecta para adolescentes, o bien para adultos irónicos y un poco infantiles. Se trata de ciencia ficción, pero es más ficción que ciencia, y la carga política es obvia. Los nazis de la Luna han destruido el planeta Tierra y los héroes de la historia tienen que luchar contra Hitler, que no es otra cosa que un reptil extraterrestre. Le doy cuatro estrellas.

El día siguiente fue de documentales. Suerte que tuve ánimo de levantarme temprano un sábado para ir a ver a las 10 a.m. Still recording (Siria/Líbano/Catar/Francia/Alemania). Se trata de un documental brutal, que te pone directamente en la guerra de Siria. Hay muertos desde el comienzo hasta el final y no se ve mucha esperanza. Quién es el bueno y quién es el malo en esa guerra, es algo que es mejor ni preguntárselo. Uno mira de cerca la realidad gracias a la labor de unos jóvenes que andan en los frentes de guerra solamente armados con sus cámaras. No le deseo a ningún país que pase por lo que está pasando Siria. Recomiendo este documental y le doy cinco estrellas.

Después vi Obscuro barroco (Francia/Grecia/Suiza), un documental breve y algo poético que me dejó un poco decepcionado. Trata de transexuales en el sudoroso Carnaval de Río. No es nada glamoroso; al contrario, el audiovisual proyecta una sensación de decadencia. Da tristeza ver cómo la gente se disfraza para ser parte por un rato de un mundo de fantasía. Y la entrevista con un viejo transexual, que domina todo el audiovisual, solamente acentúa esa sensación. A decir verdad, la película me pareció un poquito aburrida y redundante en ciertos temas. Le doy dos estrellas.

Un día después fui con mucha ilusión a ver Aniara (Suecia), un largometraje basado en un poema-epopeya del sueco Harry Martinsson (quien ganó el Premio Nobel en 1974). Por fin, dije yo, aquí está la súper película sueca de ciencia ficción... Pero no. Si bien la historia es sobre una gran nave interplanetaria que pierde el rumbo, y el montón de gente que tiene que vivir ahí, desde el comienzo la película apuesta por el melodrama. El director sigue demasiado a la protagonista y sus sentimientos. No es necesario que una nave se pierda en el espacio para mostrar eso. No hay nada visual que recordar. Le doy tres estrellas; pero no creo que volvería a ver esa película.

Luego fui con cierta duda a ver Las sandinistas (Nicaragua/Estados Unidos), debido a que conozco bastante bien la historia de Nicaragua. Después de aquella gloriosa revolución, después de tanta lucha y tanta ayuda de la solidaridad internacional, la situación actual de ese país es decepcionante. Lo menos que quiero ver es nostalgia, que no tiene nada que ver con el presente. Pero el documental resultó ser muy bueno y no dudo en darle cinco estrellas. Mi profundo respeto y admiración para la comandante que, junto a otras mujeres inteligentes y luchadoras, después del triunfo fue borrada por la dirección de los sandinistas.

Y ya que me gusta el rock, una película que no me perdí fue Leto (Rusia/Francia). Este interesante y por ratos experimental largometraje trata de unos roqueros de los años ochenta en la Unión Soviética. Pude fácilmente identificarme con las referencias de estos músicos, influenciados por el rock de Estados Unidos e Inglaterra. Por supuesto, su música y su estilo de vida no eran bien vistos por algunos seguidores de la línea del régimen. No obstante, se muestra que hubo cierta incomprensión hacia esos jóvenes, pero no persecusión. Es una historia un poco melancólica, con una música que me dejó clavado en la silla hasta que todos los créditos de cierre terminaron y se encendieron las luces del salón. Le doy cuatro estrellas y media. Y por supuesto, la recomiendo.

Después de una pausa de varios días, entré de nuevo a la oscuridad del cine para ver Cities of Last Things (Taiwan/China/Estados Unidos/Francia). Me atrajo el anuncio de que era ciencia ficción y de que se contaba la vida del protagonista "hacia atrás". Por supuesto, esto último es imposible de lograr completamente, a no ser que toda la película se muestre al revés. Comienza cuando el protagonista es viejo, sigue con una parte cuando es joven y termina cuando es un niño, esa es toda la experimentación con la cronología. La película es bastante violenta, con golpizas, sangre en bocas y rostros, asesinatos y persecuciones. Y el comienzo es bastante tedioso, con conversaciones no muy interesantes que invitan al sueño. Le doy tres estrellas.

Al día siguiente vi Murder Me, Monster (Argentina/Francia/Chile), que en español se llama "Muere, Monstruo, Muere" (no significa para nada lo mismo, pero era importante mantener las tres "M" por cuestiones de la trama). Esta película de terror llamó mi atención porque es argentina, ambientada en Los Andes. Buena actuación. Buena fotografía. Diálogos interesantes. Y el monstruo es bastante raro y llamativo. No obstante, en lo que fallan muchas películas de terror es en que no saben explicar el porqué de la maldad del monstruo y por qué tiene que matar precisamente mujeres. Cabe agregar que en esta película hay escenas bastante fuertes. La recomiendo para los amantes del género de terror y lo fantástico, con cuatro estrellas.

Y el gran final de mi viaje por el mundo del cine fue la película que Terry Gilliam se tardó más de 20 años en terminar: The Man Who Killed Don Quixote (España/Bélgica/Portugal/Francia). La cola llegaba hasta la calle, donde soplaba el viento y caía una nieve mezclada con lluvia. Pero valió la pena esperar. El tema es la relación entre fantasía y realidad, muy acertado tomando como motivo a Don Quijote. Mucho color, mucho movimiento. Es un espectáculo visual, por ratos histérico, lleno de tomas interesantes. Algunos espectadores ya van predispuestos a reír, pues conocen la trayectoria de Gilliam; pero sería un error reducir sus películas a puras comedias. A esta le doy cinco estrellas.

En total, vi entonces diez películas fuera de lo común. El cine estimula realmente el cerebro.


sábado, 20 de octubre de 2018

Réquiem por el rock progresivo


No es con poca nostalgia que me decido a escribir unas líneas sobre el rock progresivo, que quizá no tenga mucho que ver con Suecia, pero sí conmigo y mis pensamientos en este país donde vivo. A principios de los años setenta, el rock progresivo, o rock sinfónico, era la música más interesante que se producía en Occidente. Ahí estaban los buenos músicos, ahí estaba la experimentación, ahí estaban el mellotron y los sintetizadores, la flauta, y la guitarra acústica en combinación con la eléctrica. No eran cancioncitas de 3 minutos y medio, sino obras que a veces llenaban un lado entero de un disco de larga duración. La mayoría de los músicos que se dedicaban al rock progresivo eran verdaderos virtuosos y muchos habían estudiado música clásica. Cuando un músico clásico se decide a hacer rock, tiene todos mis respetos, como también lo tienen los roqueros que incursionan en la música clásica.

En el país donde nací y crecí en Latinoamérica solía escuchar a Emerson, Lake & Palmer, Yes, Jethro Tull, Genesis y, por supuesto, Pink Floyd. Este último grupo encontró la fórmula para llegar al gran público y mantenerse mucho tiempo en la popularidad. El álbum "The Dark Side of the Moon" era conocido por muchos jóvenes de mi generación y para mí es quizá el mejor disco de rock que se ha hecho. Pero a Pink Floyd no le bastó con eso, sino que a finales de los setenta lanzaron el doble "The Wall". Por su parte, Genesis sufrió una verdadera transformación cuando Peter Gabriel abandonó el grupo. Muchos pensaron que ese era el fin de la agrupación. Pero no, sucede que tenían un baterista que era más que eso. Con Phil Collins en los tambores y el micrófono hicieron un par de buenos discos, antes de que él se convirtiera en cantante romántico. Los otros grupos británicos de rock progresivo mantuvieron su estilo, pero el gusto musical del público empezó a cambiar.

Ya estando en Suecia, en los años ochenta, compré discos de todos esos grupos que conocía muy bien y aumenté mi bodega de rock progresivo con King Crimson, Focus y otros menos conocidos. A esas alturas ya me había dado cuenta de que me estaba quedando solo con mis gustos musicales, porque mis amigos de juventud estaban en otro continente, aunque de vez en cuando me topaba con alguien que sí sabía de lo que estaba hablando. Además, pasé por un largo periodo donde me sentí súper latinoamericano y casi solo escuchaba música en español. Primero era música folclórica y de protesta, pero después entró también la salsa y la demás música tropical. Hace unos años me cansé un poquito de todo eso y volví a interesarme por el rock. Por supuesto, aún escucho mucha música en español, como también árabe, africana, jazz y otros géneros. Por suerte, todo eso lo puedo conseguir aquí.

Cuando se murió Richard Wright, el tecladista de Pink Floyd, me sorprendió que nadie se enteró de la noticia por acá. Y yo no tenía ni con quien comentarlo, porque ¿quién de la gente que yo veía aquí sabía quién era Richard Wright? Después se suicidó Keith Emerson, y el silencio fue similar. De todos los conocedores de música que escriben en las páginas culturales de los periódicos de Suecia, a ninguno se le ocurrió escribir algún artículo sobre la vida y la obra de este pianista y tecladista que comenzó tocando música de Bach y llegó a ser un gigante del rock en los años setenta con el legendario Emerson, Lake & Palmer.

Así es que parece que las estrellas del cielo del rock progresivo se van a ir apagando sin mucho ruido. Cuando se muera el mago de los teclados Rick Wakeman o el cantante con voz de ángel Jon Anderson, del grupo Yes, o Ian Anderson, el alma de Jethro Tull, me tocará servirme un whisky doble, poner alguno de sus mejores discos a buen volumen y brindar por la eterna memoria de uno de los géneros musicales que más han significado para mí.